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La diabetes en el embarazo

 

 

Las futuras mamás que ya eran diabéticas antes de engendrar un niño deben, como es lógico, extremar las precauciones y vigilar muy de cerca sus niveles de glucosa. Si éstos se disparan, los efectos secundarios que pueden desencadenarse serán perjudiciales tanto para la madre como para el bebé. Tanto es así, que pueden causar defectos congénitos en el pequeño, así como ictericia y un desarrollo desmedido.

 

 

Vigilar la dieta

 

 

Debido a las graves consecuencias que puede tener la diabetes en el embarazo, es imprescindible llevar una dieta sana que permita mantener estable la glucosa. Si la alimentación es deficiente, lo más probable es que el azúcar en sangre se desplome o aumente demasiado. En el primer caso, se producirá una hipoglucemia (consulta más información aquí), cuyos síntomas característicos son exceso de sudoración, palidez, mareos y temblores. La otra situación, es decir, niveles de glucosa muy altos, causa sed, cefaleas y problemas de visión, entre otros indicios.

 

 

Para conservar estable el grado de azúcar, los especialistas recomiendan repartir la comida del día en más tomas y llevar algún alimento azucarado al salir de casa. Para mantener a raya la diabetes en el embarazo, los médicos aconsejan que las mamás no tengan menos de 70 miligramos/decilitros. En cuanto a los valores máximos, éstos varían en función del momento de la jornada. Así, no deben superar los 95 mg/dl antes de comer; pasada una hora desde la comida, el nivel de azúcar en sangre tope se fija en 130 mg/dl, y en 120 mg/dl dos horas después de la ingestión de alimentos.

 

 

Además de vigilar la dieta, para que no surjan problemas con la diabetes en el embarazo es beneficioso practicar algo de ejercicio. Siempre actividades de baja intensidad, que no obliguen a la mujer a forzar su cuerpo. Basta con dedicar 30 minutos al día a ejercitarse para que el azúcar no sea un problema.