¿Por qué, mamá? Una etapa preciosa pero agotadora

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Alrededor de los tres años, los niños empiezan a comprender cómo funciona el mundo y su curiosidad se dispara. Es la etapa de los “por qués”. ¡Quieren saberlo todo!

Curiosidad innata

Los peques son curiosos por naturaleza. Y eso es bueno, ya que es la manera en que aprenden. Desde que son pequeñitos han estado haciéndose preguntas ¿qué pasa si tiro este vaso al suelo?, ¿por qué se ha roto?, ¿por qué me habrá regañado mamá?... Sin embargo, hacia los tres años ya pueden manifestar sus inquietudes con palabras y nosotros somos destinatarios naturales de sus preguntas. Además, esta etapa coincide con una explosión de conocimientos. Los niños aprenden cosas nuevas cada día y a una velocidad de vértigo. Es normal que sus dudas sigan ese ritmo frenético.

 

Preguntas de todos los colores

Todo despierta su curiosidad. ¿Por qué sale la luna por la noche?, ¿por qué los coches tienen ruedas?. A veces las respuestas son sencillas, simplemente podemos sentirnos abrumados por su insistencia, pero otras los niños, sobre todo los más maduros, pueden sorprendernos con preguntas difíciles de contestar sobre temas como el sexo o la muerte y otras nos ponen en evidencia con su sinceridad, como cuando hacen comentarios sobre el aspecto físico de alguna persona a voz en grito delante de ella (y no para resaltar lo bueno, precisamente). Explicar las cosas con naturalidad es lo mejor que podemos hacer para tratar con respeto las inquietudes de nuestros hijos y darles siempre explicaciones adecuadas a su edad. Si nos pilla totalmente desprevenidos, podemos simplemente decirle que no lo sabemos. No hay necesidad de ser perfectos ni demostrarles que tenemos todas las respuestas.

 

Respuestas para aprender

Como padres, tenemos que aprovechar la curiosidad innata de los peques para ayudarles a aprender. Por ejemplo, podemos responder a sus demandas de información con un: “¿por qué crees tú que ha pasado eso?” para invitarles a reflexionar. O también buscar materiales en internet, libros... que amplíen la información sobre los temas de su interés.

 

Es importante contestarles

Aunque es una etapa preciosa y súper divertida, a veces puede resultar abrumador el número de “por qués” por minuto que es capaz de soltar nuestro hijo y nos dan ganas de responderle: “¡porque sí!” y zanjar de una vez por todas esta conversación que parece que no tener fin. Sin embargo, es importante que les escuchemos con atención, conversemos con ellos y respondamos sus preguntas. Tampoco hay que reírse de ellos por muy absurda que haya sido la pregunta o quitar importancia a sus inquietudes. Los niños que son escuchados por sus padres con atención desarrollan una mejor autoestima y seguridad en sí mismos. Además, resolver sus dudas les permite seguir avanzando en sus conocimientos.  

 

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