Dos años: así avanzan en su autonomía

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Entre los 2 y los 3 años, los niños dan un salto espectacular en su desarrollo marcado por la búsqueda de independencia. ¿Cómo podemos ayudarles los padres a avanzar con seguridad?

Sí, a partir de los dos años los niños empiezan a “separarse” de mamá. Tranquilidad, queda mucho para que lo hagan de verdad, pero sí que comienzan a reclamar su espacio, desean hacer las cosas por sí mismos (el famoso “¡Yo solita!”) y a relacionarse con otros niños de otra manera. Poco a poco, el juego en paralelo va abriéndose a nuevas posibilidades de interacción.

Si queremos que nuestro hijo desarrolle una autoestima sana, frenar ese espíritu emprendedor y esas ganas de hacer las cosas por él mismo no le ayuda. La sobreprotección, el “lo hago yo que tardo menos” o el “es que lo mancha todo y se va a hacer daño” son todo lo contrario de lo que necesita.

Y es que nuestro pequeño aventurero tiene razón. Ya sabe hacer un montón de cosas él solito. Y los padres solemos tardar en darnos cuenta. Hay que dejarles intentarlo. Equivocarse. Enfadarse porque ponerse el pantalón es muy difícil. Lavarse las manos, aunque tarde un montón. Manejar los cubiertos, aunque la mesa termine como un campo después de un terremoto. Tú sigues aprendiendo a base de ensayo y error, ¿verdad? Tu hijo no es tan distinto a ti en eso.

Eso no significa que tengamos que dejar a los niños a su libre albedrío, siguen necesitando que les protejamos de los peligros reales y les ayudemos en lo que aún no saben hacer, pero nuestro papel es estimularles a avanzar en su camino hacia la autonomía.

 

¿Y qué puede hacer un niño de dos años?

Cada niño y cada niña es un mundo y a esta edad hay muchas diferencias, pero en general, alrededor de los 2 años la mayoría ya saben…

·         Andar y correr sin ayuda.

·         Arrastrar juguetes mientras caminan, y sujetar varios objetos mientras se desplazan.

·         Desvestirse y ponerse algunas prendas básicas.

·         Comer solos y usar correctamente la cuchara, el vaso (sin tapa) y el tenedor, aunque se manchen un poco.

·         Abrir puertas.

·         Pasar las páginas de un libro.

·         Lavarse las manitas.

·         Atender a otros estímulos mientras andan.

·         Disfrutan imitando a los adultos.

·         Avisarnos de que el pañal está sucio.

·         Pintar garabatos y líneas con pinturas.

·         Hacer torres de varios cubos.

·         Decir su propio nombre y los pronombres 'yo' y 'mío' (de hecho, les encantan. ¡Están descubriéndolos!).

·         Responder a órdenes sencillas.

·         Hablar con nosotros de lo que está sucediendo en este momento.

·         Jugar solo o con otros niños, aunque aún no pueden aprender reglas y siguen jugando mucho en paralelo.

·         Mantener la atención unos minutos.

¿Cómo le ayudamos?

Las rutinas y la repetición de secuencias son fundamentales en esta etapa. En las escuelas infantiles lo saben muy bien y mantienen una rutina muy estable: el círculo al entrar, el rato de juego, recoger los juguetes, la hora del almuerzo, la hora de la siesta… Esta estructura, saber qué viene después, ayuda a los pequeños a adquirir seguridad.

Aún le faltan recursos para ser realmente independientes, así que tendrás que armarte paciencia porque la frustración y las rabietas van a estar a la orden del día.

Está desarrollando su lenguaje, habla mucho con él. Enséñale lo que veis por la calle, pregúntale por el color, el tamaño o el nombre de las cosas, cuéntale qué vais a hacer justo a continuación…

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