Cómo actuar ante un posible trastorno del lenguaje

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Cómo actuar ante un posible trastorno del lenguaje

Una vez que nuestro hijo ha cumplido su primer año, esperamos con ansiedad su primera palabra. Y a medida que transcurren los meses, inevitablemente surgen las comparaciones porque otros pequeños de su edad ya incorporan una gran cantidad de palabras y hasta arman oraciones.

Entonces, llega la consulta con el pediatra, que sin pretender alarmarnos nos advierte que podría tratarse de un trastorno en el desarrollo del lenguaje. ¿Y ahora qué hacemos?

Tranquilidad ante todo

En principio, hay que tratar de conservar la calma. El hecho de que el pediatra sospeche que puede haber algún problema no significa que no pueda tratarse de una cuestión madurativa. Algunos bebés empiezan a hablar más tarde que otros sin motivo aparente. A la vez, los profesionales se guían por pautas generales, como ser que el niño responda a su nombre alrededor de los 15 meses, que utilice tres palabras a los 18 meses, que pueda juntar dos palabras a los dos años, etc. Es normal que si nuestro hijo no responda a esta progresión quiera descartar alguna cuestión que requiera tratamiento.

No carguéis al niño de más frustraciones

Los padres solemos sentirnos muy preocupados ante un pequeño que es incapaz de comunicarse, o que lo hace con grandes dificultades. Pero debemos recordar que quien se la está pasando peor es el niño. Regañarlo o expresar nuestra frustración no hace sino empeorarlo todo. Lo mejor que podemos hacer es transmitirle a nuestro hijo confianza, hablarle mucho y dedicar varios ratos a leerle libros adecuados a su edad, todo en un marco de afecto y juego.

Identificar dónde está el problema

Un logopeda querrá primero saber si el niño posee dificultades de comprensión o de expresión, o bien mixtas. Se indicarán estudios de audición, cuestionarios a los padres y otra clase de pruebas, que tienen como propósito localizar el origen de la dificultad. No es lo mismo un niño que no responde a órdenes simples o no mira a los ojos, uno que se comunica perfectamente en su media lengua, uno que habla en oraciones muy cortas, uno que tartamudea u otro que puede expresarse pero que tiene dificultad en pronunciar ciertos sonidos. Cada uno de ellos requiere un tratamiento específico.

Paciencia, paciencia y más paciencia

Si bien se calcula que 7 de cada 10 niños mejoran con las terapias de lenguaje, a veces los resultados pueden demorar varios meses. ¡No perdamos la paciencia! Es fundamental darle continuidad, tanto a las sesiones con el terapeuta como a los ejercicios que indique para el hogar.

La importancia de la intervención temprana

Si sospechamos o nos confirman que nuestro hijo padece de un trastorno de desarrollo del lenguaje es muy importante empezar cuanto antes el tratamiento. Los niños pequeños poseen un cerebro muy plástico y estos trastornos suelen mejorar más cuanto más temprano se inicia la terapia. Si nuestro hijo ya está escolarizado o si acude a una guardería, es importante que todos –padres, docentes, cuidadores- estemos al tanto de la situación y manejemos estrategias en común para ayudarlo.

 

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