Bebés

Es un clásico de los consultorios pediátricos: aquel bebé que, hasta la última revisión, era puro sonrisas, alrededor de los 8 o 10 meses comienza a llorar en la consulta con su doctor y no para hasta que el control termina, dejando a los padres abochornados. Esta conducta suele persistir mientras el niño es pequeño… y a veces, continúa hasta la edad escolar. ¿Por qué los bebés cogen miedo al pediatra? ¿Qué podemos hacer para ayudarlos?
Una de las dudas frecuentes entre los padres es cuándo comenzar a cortar el pelo del bebé. ¿A los pocos meses de nacer, para igualarlo o quitar pequeñas calvas? ¿Al año, cuando ya se puede mantener sentado solito y es más fácil que se mantenga en esa postura? ¿Al año y medio?
Durante las primeras semanas de vida del bebé, lo que más afecta a los nuevos padres (en especial a la nueva mamá) es la privación del sueño. No queremos asustarte, pero lo más probable es que pase un buen tiempo antes de que recuperes tu ritmo habitual de dormir siete u ocho horas cada noche ¡y mucho más si pretendes dormir de seguido! Hay muchos motivos que hacen despertar a los bebés durante su primer y segundo año de vida: la dentición, un pañal mojado, necesidad de tomar el pecho o, simplemente, las ganas de estar acompañados. ¿Cómo puedes sobrevivir a la pérdida de horas de sueño?
Es sumamente importante para tu bebé la habilidad para tomar objetos con sus manos, sujetarlos, arrojarlos y manipularlos. Gracias a esta destreza, pronto aprenderá a comer por sus propios medios y a conocer y relacionarse con el mundo que lo rodea. Veamos cómo evoluciona en los bebés la capacidad de agarre.
Alrededor de los ocho meses (algunos antes, otros después), la mayoría de los bebés atraviesa un momento de crisis. Se muestran desconfiados con las personas desconocidas, y pueden llorar a gritos si alguien que no sea su mamá o su papá trata de cogerlos en brazos. Se despiertan con más frecuencia durante la noche. Reclaman permanentemente a mamá, y aquellos que siguen lactando piden el pecho con más frecuencia. Están irritables, llorones, difíciles. Y todo esto es perfectamente normal y esperable dentro de su desarrollo. Se trata de la famosa “angustia del octavo mes”.